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Competencias para la vida

En el año 2006, la Comisión Europea identificó ocho competencias clave para que todas las personas se desarrollen socialmente, formando parte de una ciudadanía activa, fomentando la inclusión y contribuyendo al empleo. Estas competencias son: 1) comunicación en la lengua materna, 2) comunicación en lenguas extranjeras, 3) matemáticas y competencias básicas en ciencia y tecnología, 4) competencia digital, 5) habilidad para aprender a aprender, 6) competencias sociales y cívicas, 7) sentido de la iniciativa y espíritu de empresa, 8) conciencia y expresión cultural, (UE, 2006).

Dichas competencias son consideradas beneficios clave para el siglo XXI, pues contribuyen a que la sociedad se lucre de capacidad suficiente para adaptarse y prosperar en un entorno cambiante. Por supuesto, estos beneficios se distribuyen conforme a las grandes disparidades de riqueza y oportunidad que existen en el mundo, dando lugar a un reparto de progresos desigual, y creciente, que conduce a la pobreza. Entendiendo pobreza como la negación total de las capacidades, (Sen, 2000).

Pero existe un salvavidas, llamado Educación. La educación puede favorecer la creación de sociedades más justas que distribuyan el conocimiento equitativamente, fomentando la diversidad cultural, contribuyendo al mantenimiento de la paz, y dando lugar al mejor de los resultados: la eliminación de la pobreza, (Macedo, 2006). Para hacer realidad este objetivo es necesarios que las estrategias educativas permitan a los estudiantes adquirir los beneficios del siglo XXI, en forma de competencias clave para la vida. A esto lo llamaremos: educación para el desarrollo sostenible.

Es interesante remarcar la importancia que se le atribuye a la innovación y a la creatividad dentro de las competencias que plantea la LOMCE, como un eje de ideas, procesos y estrategias que proponen una mejora en la educación. Sin embargo, la propia educación no ofrece más que una materia que destina su objetivo principal a promover la creatividad. Esta materia es la educación artística, considerada, por lo general, una asignatura de carácter secundario (específico u optativo).

Entonces cabe preguntarse, ¿es realmente necesaria esta asignatura dentro de nuestro sistema educativo? O como las competencias clave son de carácter interdisciplinar y aplicables a cualquier materia, ¿podemos prescindir de ella? Independientemente de la necesidad que queramos atribuir a la educación artística como vehículo principal del desarrollo sostenible, es cierto que, entre los contenidos de cualquiera de sus facetas siempre encontramos bloques que relacionan arte y cultura. Y tal y como promulga la octava competencia: todo estudiante ha de adquirir conciencia y expresión cultural, durante su desarrollo académico, que le ayude a pensar libre y críticamente, (UE, 2006).

Hasta aquí, hemos podido vincular Innovación con Desarrollo Sostenible y Educación Artística con Innovación, pero, ¿es realmente la Educación Artística un vehículo directo a las competencias sociales? No, de manera directa. No existe causa-efecto entre el hecho de percibir educación artística o filosófica e implicarse activamente con la sociedad, pues hay muchos factores que interfieren en dicha participación, por ejemplo, el entorno. La educación extra-entorno se considera, por tanto, un complemento. Sin embargo, es cierto que la Educación Artística nos permite tratar contenidos filosóficos y de conciencia social que, de otra forma, serían difíciles de encajar en el sistema educativo, tal y como lo concebimos hoy en día. Cabe destacar que no solo la Educación Artística se ve afectada por la LOMCE, sino que Filosofía ha reducido sus horas significativamente con el nuevo proyecto. La cercanía al mundo artístico nos permite desarrollar un pensamiento más divergente que facilita la reflexión de conceptos emocionales y relevantes para la convivencia.

El propio currículo de la materia de Educación Artística indica que contribuye a la defensa y expresión de los derechos, identificando conflictos sociales y favoreciendo la comunicación. El ser humano, como ser social, necesita comunicarse y la Educación Artística dota de voz a aquellos que no la tienen. Podemos afirmar que la base de la sostenibilidad social radica en la educación, entonces, si la LOMCE enmarca a la educación dentro de unas competencias clave para la vida que destacan la innovación y la creatividad como estrategias de progreso, y si la Educación Artística es la fuente principal que emana innovación y creatividad, ¿por qué el proyecto de la LOMCE desplaza las enseñanzas artísticas a un segundo plano?

No puede haber una sociedad sostenible que no tenga un comportamiento ético. Disciplinas con fundamentos filosóficos y comunicativos que impulsen la creatividad y la innovación, y que inviten al estudiante a pensar de manera divergente, deben ser imprescindibles en el sistema educativo.

Lucía Alonso Virgós

Profesora colaboradora del Máster de Formación al Profesorado de Secundaria, Bachillerato y FP en la Universidad Internacional de Valencia VIU

 

Referencias

Macedo, B. (2006). Habilidades para la vida: contribución desde la educación científica en el marco de la Década de la educación para el desarrollo sostenible. Congreso Internacional de Didáctica de las Ciencias. La Habana, Cuba.

Sen, A. (2000). La pobreza como privación de capacidades. A. Sen, Desarrollo y libertad, 114-141.

Diario de la UE. (18 de diciembre de 2006). Recomendación del Parlamento Europeo y del Consejo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente.