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¿CUÁNTO LO DESEAS? Dinámica del craving en conductas adictivas

  • Por Víctor J. Villanueva Blasco
  • 21 septiembre 2015

Imagina ese producto que tanto te gusta, una bolsa de patatas, un paquete de galletas, una prenda de vestir de última tendencia, o una refrescante cerveza. Imagina el lugar en el que estas: en un sofá viendo una aburrida película; paseando por un centro comercial; o sentado a la entrada de la playa frente la terraza de un bar en un día de intenso calor. Cualquiera de estas situaciones nos valdría, pero quedémonos con la primera como ejemplo para abordar la cuestión que os vamos a plantear.

Estás en el sofá, viendo la película, piensas en la bolsa de patatas. No es hambre, pues apenas hace tres cuartos de hora que has comido, pero te invade el deseo de comer patatas. Piensas en la pereza de levantarte para ir a por ellas, y además, en lo innecesario de ello, dado que no es hambre lo que sientes. Pero la imagen de la bolsa, su textura, sus colores, aparece en tu pensamiento. Centras tu atención en ello dejando de lado la película. Percibes el destello metálico del interior y piensas en su frescura. Ves tu mano entrando en la bolsa llena de patatas mientras esta hace un sonido peculiar al doblarse, y ese sonido se repite como un eco en tu cerebro. Sientes la rugosidad de la patata en tus dedos, el aroma de las especias que la cubren, incluso anticipas el crujir entre tus dientes con el primer mordisco y su intenso sabor, que te lleva a cerrar los ojos para disfrutarlo aún con mayor intensidad.

¡Para! Ahora céntrate en tus sensaciones corporales. ¿Ha aumentado tu salivación en el último minuto? ¿Sientes la necesidad de comer? ¿De comer patatas? ¿Percibes cierta ansia de hacerlo? En una escala de 1 a 10, ¿cuánto dirías que es el deseo de consumo en este momento?

Observa los pensamientos que estás teniendo. Experimenta qué sientes ante este deseo de comer patatas. ¿Cuáles son las razones para hacerlo? ¿Cuáles son las objeciones para no hacerlo? ¿Cómo de vulnerable te sientes ante el hecho de que tu deseo de consumir patatas no haya sido porque tengas hambre, sino que ha sido inducido por la lectura de este post? ¿Vas a ser capaz de continuar leyéndolo sin hacer una pausa para ir a por una bolsa de patatas? ¿Vas a ser capaz de dejar de pensar en esa bolsa de patatas, en su textura, su aroma, su sabor, y continuar leyendo?

Bien. Lo primero es pedirte disculpas por comenzar con este pequeño experimento si a estas alturas sientes cierto malestar porque este post ha generado en ti un deseo de consumo de patatas y no tienes una bolsa a mano para abalanzarte sobre ella, o si la tienes pero no deseas consumirlas, y por tanto te estás resistiendo al impulso de hacerlo.

El objeto de este ejercicio de visualización es explicarte en qué consiste el craving. Algo que se podría explicar a nivel conceptual, pero que para poder comprender su dinámica, lo mejor es experimentarlo. Evidentemente, el objeto de deseo que hemos fomentado en ti es algo en principio inocuo para tu salud, aunque el craving es un término especialmente utilizado en adicciones, para referirse al deseo irrefrenable de consumir una droga o realizar un comportamiento concreto, como puede darse en juego patológico u otras adicciones comportamentales.

El craving es una experiencia subjetiva, variable según la persona, y en una misma persona también varía según el contexto en que surge el deseo de consumo y el momento vital en que se encuentra. El craving genera malestar en la persona, generalmente en grado suficiente como para interferir en su funcionamiento cotidiano, e incluso bloqueándola ante tareas simples. Por lo general, el craving disminuye de manera gradual. En un caso de adicciones puede tardar en desvanecerse completamente algunas semanas, con riesgo a reproducirse posteriormente durante la abstinencia ante estímulos internos y externos que activen de nuevo el deseo de consumo. Por tal motivo, es un elemento esencial para la prevención de recaídas y la prevención del abandono en los programas de deshabituación.

El craving puede aparecer, como decíamos, activado por estímulos internos y externos asociados al consumo que actúan como “huella de memoria” y activan el deseo de consumo; aunque también puede aparecer como respuesta ante la sintomatología negativa de la abstinencia con el fin de aliviar esta. Igualmente aparece, o se intensifica, ante situaciones de estrés, o ante una falta o disminución de la capacidad de autocontrol y resistencia ante los estímulos que activan la conducta de consumo.

El vídeo propuesto replica el experimento clásico en Psicología realizado por Mischel en 1970 en el que unos menores deben afrontar el dilema entre comer una golosina o esperar un tiempo y, transcurrido este, poder obtener como recompensa otra golosina más. La finalidad del experimento es observar su capacidad de autocontrol y las estrategias de resistencia ante el deseo de consumo. De hecho, los adultos, al igual que los niños, tratan de eliminar el deseo de consumo con diversas estrategias (alguna probablemente la hayas puesto tú en marcha ante la evocación de la bolsa de patatas). Pero, no todas las estrategias son efectivas. Entre las más frecuentemente utilizadas, y menos eficaces, se halla la de intentar suprimir los pensamientos y sensaciones generadas por el deseo de consumo. Son varios los estudios (Clark, Ball y Pape, 1991; Gold y Wegner, 1995; Wegner, Schneider, Carter y White, 1987; Wegner, Sxhneider, Knutson y McMahon, 1991) que han demostrado que el intento de supresión de un pensamiento o sensación, incluyendo el dolor, aumenta dicho pensamiento o sensación.

Entonces, ¿cómo afrontar el craving? La base para afrontar el craving es aprender a identificar los elementos asociados a este, reenfocar los pensamientos y sensaciones que genera y afrontar la experiencia de craving como un proceso de aprendizaje que fortalecerá nuestras habilidades frente al deseo irrefrenable de consumo de cualquier producto, sea una bolsa de patatas, un paquete de galletas, una prenda de vestir de última tendencia, o una refrescante cerveza. De este modo, el consumo de cualquier producto no será consecuencia de una falta de control de nuestros impulsos o deseos, ni vendrá mediada por un proceso de malestar físico y psicológico, sino que será por una mera apetencia, para nada irrefrenable.

En un próximo post profundizaremos algo más en el craving y en las estrategias de afrontamiento eficaces, pero de momento, dejo dos cuestiones para la reflexión:

  1. ¿Qué impacto tendría el craving tanto en la autoestima como en la percepción de autoeficacia en aquellas personas que acaban cediendo al deseo de consumo, y en aquellas que son capaces de resistirlo?
  2. ¿Cuál es tu objeto de deseo irrefrenable?

Palabras clave: craving, deseo, impulso, recaída, autocontrol

Víctor J. Villanueva Blasco
Coordinador Prácticas Grado de Psicología de la Universidad Internacional de Valencia

Profesor Asociado Facultad de ciencias sociales y humanas Campus Universitario Teruel (Universidad de Zaragoza)

Referencias

Clark D.M., Ball S, & Pape D. (1991). An Experimental Investigation of Thought Suppression Behaviour. Research and Therapy, 29, 253-257.

Gold D.B. & Wegner D.M. (1995) Origins of ruminative thought: trauma, incompleteness, non-disclosure and suppression. Journal of Applied Social Psychology 25, 1245-1261.

Wegner D.M., Schneider D.J., Carter S.R. & White T.L. (1987). Paradoxical Effects of Thought Suppression. Journal of Personality and Social Psychology 53, 5-13.

Wegner D.M., Schneider D.J., Knutson B. & McMahon S.R. (1991). Polluting the stream of consciousness: The effect of thought suppression on the mind’s environment. Cognitive Therapy and Research 15, 141-151.