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Drogas y conducción: Responsabilidad informada

  • Por María Francisca Carvajal Ruiz
  • 22 junio 2017

Detienen a un conductor implicado en un accidente mortal en la N-340 por haber consumido drogas”, “Muere un matrimonio en un accidente provocado por un conductor que da positivo en alcohol y drogas”, “Detienen a un conductor drogado tras atropellar mortalmente a un ciclista en la misma carretera de Oliva donde murieron otros tres en mayo”…Estos son solo algunos de los titulares que podemos encontrarnos en los periódicos de estas dos últimas semanas y el motivo por el que el tema de la conducción de vehículos bajo los efectos de las drogas haya vuelto a la palestra. Sin embargo, este no es un problema nuevo. Según el “Estudio de Prevalencia de consumo de alcohol y drogas” (EDAP) de la Dirección General de Tráfico (2016), el 12% de los conductores sometidos a un control de tráfico dio positivo en drogas. Las más presentes fueron cannabis (7.5%) y cocaína (4.7%), seguidas por el alcohol (2.6%). Es decir, por cada conductor que conduce bajo los efectos del alcohol, entre 2 y 3 lo hacen tras haber consumido otras sustancias ilegales. De esta manera, observamos como la prevalencia de conducción bajo el efecto de drogas ha empezado a sobrepasar a la de conducción bajo el efecto del alcohol. Los datos están en consonancia con la baja percepción de riesgo que tienen los conductores respecto al efecto de otras drogas, diferentes al alcohol, sobre la conducción (FESVIAL, 2015). De hecho, casi un 20% de los conductores reconoce haber conducido en alguna ocasión creyendo que podrían dar positivo en caso de ser sometidos a control de drogas (DGT, 2016).

Probablemente los conductores implicados en los accidentes a los que hacía mención al inicio desconocen los efectos de las drogas ilegales (en este caso, cocaína) sobre su capacidad de conducción. Desconocen que el uso de cocaína les lleva a sobrevalorar sus propias capacidades al volante; sin embargo, se ha demostrado que también les puede llevar a conducir de manera más imprudente e impulsiva, realizando, por ejemplo, maniobras temerarias que pueden tener consecuencias gravísimas tal y como hemos visto en las noticias mencionadas anteriormente (MacDonald et al., 2008). Además, los conductores generalmente ignoran que en el caso de la combinación de drogas y alcohol se multiplica (y no se suma) el efecto perjudicial sobre la capacidad de conducción (Penning et al., 2010). Con el fin de evitar que esto ocurra, desde la comunidad científica se debe trabajar para que llegue a la sociedad información veraz y contrastada del efecto de las drogas sobre la capacidad de conducción y su relación directa con el riesgo de sufrir un accidente.

Nadie puede negar que el consumo de drogas tiene una clara incidencia sobre la seguridad vial y está muy presente en los accidentes de tráfico más graves (es decir, aquello que conllevan la muerte). Los datos no engañan. Según la OMS, el consumo de drogas ilegales fue el causante de casi 40.000 muertes de accidente de tráfico y de más de 180.000 en el caso del alcohol (WHO, 2016). En España, casi el 43% de los fallecidos en accidentes de tráfico dio positivo en alguna droga; de los que un 67% dio positivo al alcohol, un 30% a drogas ilegales (principalmente cocaína y cannabis) y más del 26% había consumido psicofármacos según un informe del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses (2015). Así, debido a que el consumo de alcohol y otras drogas al volante tiene un elevado coste en vidas humanas la Unión Europea y España plantean la necesidad de políticas activas para evitar esta lacra. En el caso de España, en noviembre de 2010 se aprobó el Plan Estratégico de Seguridad Vial 2011-2020 donde se incluye la conducción bajo el efecto del alcohol y otras drogas como un objetivo prioritario (DGT, 2010).

Sin embargo, en comparación con los estudios que abordan el tema de la conducción bajo la influencia del alcohol, aquellos sobre la conducción bajo los efectos de drogas están apenas comenzando. Aunque hace 20 años el gran problema era el consumo de alcohol al volante, esta realidad está cambiando y debemos saber reaccionar a tiempo. Queda mucho por trabajar en este tema con el fin de poder desarrollar políticas públicas y programas de prevención efectivos. En este sentido, se debería tomar como referente aquello que se ha aprendido en relación a la prevención del consumo de alcohol al volante. Por ejemplo, se ha demostrado que las políticas para restringir la conducción bajo el efecto del alcohol son muy eficaces (Herring et al., 2010) mientras que otras como el conductor designado/alternativo o las intervenciones “de iguales” en el ámbito escolar/universitario no han mostrado efectividad (Babor et al., 2010).

En los próximos años, la comunidad científica deberá afrontar diferentes retos como reforzar las acciones de control de la norma (valorar la posibilidad o no de establecer límites de consumo, sanciones económicas y/o retirada del carnet, incrementar los controles de drogas, …), implementar y evaluar estrategias de sensibilización y concienciación con el fin de formar y educar en seguridad vial, llevar a cabo programas de detección, rehabilitación y reinserción de conductores reincidentes en conducir bajo la influencia de drogas,…Todo ello con el fin último de conseguir reducir el número de accidentes de tráfico que se producen cada año en las carreteras españolas como consecuencia del consumo de alcohol y otras drogas.

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Dra. María Francisca Carvajal Ruiz

Profesora en el Máster Universitario en Prevención en Drogodependencias y otras Conductas Adictivas en la Universidad Internacional de Valencia VIU

 

Bibliografía:

Babor, T., Caetano, R., Casswell, S., Edwards, G., Giesbrecht, N., Graham, K., Grube, J. et al. (2010). Alcohol: no ordinary commodity. Oxford: Oxford University Press.

Dirección General de Tráfico (2010). Estrategia de Seguridad Vial 2011-2020. Madrid: Ministerio del Interior.

Dirección General de Tráfico (2016). Estudio sobre la prevalencia del consumo de drogas y alcohol en conductores de vehículos de España (EDAP´15). Madrid: Ministerio del Interior.

FESVIAL (2015). Mitos y falsas creencia de las drogas al volante. Madrid: Dirección General de Tráfico.

Herring, R., Thom, B., Beccaria, F., Koling, T. y Moskalewicz (2010). Alcohol harm reduction in Europe. En T. Rhodes y D. Hedrich (eds.), Harm reduction: evidence, impacts and challenges (pp 275-304). Luxemburgo: Publications Office of the European Union.

Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses (2015). Victimas mortales en accidentes de tráfico: Memoria 2014. Madrid: Ministerio de Justicia.

MacDonald, S., Mann, R., Chipman, M., Pakula, B., Erickson, P., Hathaway, A. y Macintyre, P. (2008). Driving behavior under the influence of cannabis or cocaine. Traffic Injury Prevention, 9(3), 190-194.

Penning, R., Veldstra, J.L., Daamen, A.P., Olivier, B. y Verster, J.C. (2010). Drug of abuse, driving and traffic safety. Current Drug Abuse Reviews, 3(1), 23-32.

World Health Organization (2016). Drug use and road safety: a policy brief. Geneva, Switzerland: World Health Organization.