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El español neutro: ¿igualdad dentro de la variedad?

  • Por Melania Cabezas García
  • 2 agosto 2017

Por todos es conocida la diversidad lingüística que caracteriza a las variedades del español habladas en todo el mundo. Así, lo que en España son unos pendientes, en México o Guatemala son unos aretes, en Puerto Rico se llaman pantallas y en Uruguay, caravanas. A pesar de que el léxico es uno de los rasgos más llamativos de esta pluralidad, también existen diferencias notables en aspectos gramaticales (como el uso del pronombre vos, en algunas partes de Latinoamérica) y fonológicos, como el acento y la entonación. Estas diferencias no resultan sorprendentes si se tiene en cuenta la envergadura del español, que constituye la cuarta lengua del mundo por número de hablantes y el segundo idioma de comunicación internacional, hablado por más de cuatrocientos cincuenta millones de personas en veintiún países. Además, estas diferencias no se dan solo a nivel estatal, sino también entre cada país o región hispanohablante, lo cual enfatiza la riqueza lingüística del español.

A raíz de esta diversidad en la lengua española surge una de las cuestiones más controvertidas en el ámbito lingüístico: ¿es necesario fomentar el desarrollo y el empleo de una modalidad universal y homogénea del español? Dicha variedad, que no es propia de ningún país de habla hispana y permite un uso ajeno a los localismos, recibe distintos nombres: español neutro, global, general o internacional. Así pues, en la era de la globalización, este español artificial surge con el objetivo de deslocalizar la lengua de manera que sea comprensible por la mayoría de los hispanohablantes. Este español internacional se caracteriza por el uso de un léxico común y una entonación y acento neutros. Parece sencillo y necesario, pero ¿cómo se puede alcanzar esta homogeneidad preservando la pluralidad y riqueza que caracterizan al español en todo el mundo?
No cabe duda de que el desarrollo y empleo del español neutro no es tarea fácil, si bien ofrece diversas ventajas, como la uniformidad en el uso de la lengua y, por consiguiente, el favorecimiento de la comprensión entre las distintas comunidades hispanohablantes (ya sean de lengua nativa o extranjera). Ello contribuiría, según algunos, a la constitución de la lengua española como idioma de prestigio mundial, una lengua mucho más competitiva y accesible, por ejemplo, para las empresas y los potenciales estudiantes de español. En esta línea, la enseñanza del español como lengua extranjera también se beneficiaría de esta variedad internacional, ya que se acabaría con los problemas derivados de la elección de la modalidad más adecuada para la enseñanza. Por otra parte, el español neutro contribuiría a la unificación terminológica y a la reducción de costes en traducción, pues solo se requeriría una traducción al español, sin necesidad de diferentes versiones específicas para cada comunidad.

Ahora bien, todos estos beneficios se desvanecen si se considera la evidente complejidad de conseguir un español neutro. No son pocas las voces que se han levantado en contra de este español internacional, defendiendo que no es posible salvaguardar la unidad en la diversidad. ¿Cómo se construye esa variedad neutra? No se trata de utilizar el español de España, anclados en los mitos que propugnan que esta es la lengua del imperio o que el español de Castilla es el estándar. Por una parte, la reducción de costes que se conseguiría con el español neutro conllevaría una pérdida de identidad, pues las diferentes comunidades de habla hispana no se sentirían identificadas con una variedad artificial que se aleja del uso que a diario se hace de la lengua. Por otro lado, la unificación terminológica no es tarea sencilla y la elección de la variedad de español más adecuada para la enseñanza constituye una dificultad reseñable. Además, resulta evidente que esta variedad no es natural y no se aprende en los países de habla hispana.

Es cierto que la globalización implica la comunicación no solo entre hablantes de distintos idiomas sino también de distintas variedades de una misma lengua. Además, los medios de comunicación son cada vez más conscientes de ello y se muestran menos locales y más internacionales en su lenguaje. El español neutro parecer ser la respuesta a las necesidades comunicativas de esta lengua, aunque hay diversidad de opiniones al respecto, casi tantas como variedades del español.

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