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La tecnología al servicio de los traductores: la traducción asistida por ordenador

  • Por Melania Cabezas García
  • 13 julio 2017

La traducción (del latín traductĭo, -ōnis: hacer pasar de un lugar a otro) es una de las profesiones más antiguas del mundo. Ya lo muestra la Piedra Rosetta, que fue clave para descifrar los jeroglíficos egipcios. Desde entonces, la traducción ha desarrollado un papel fundamental en la evolución de la humanidad, sirviéndose a la vez de avances como el descubrimiento de la imprenta o el desarrollo de los ordenadores; y es que la importancia de la tecnología en todos los aspectos de nuestras vidas es indudable.

Como no podía ser de otra forma, la traducción también se ha beneficiado de los avances tecnológicos. Prueba de ello fueron las primeras propuestas de traducción automática que se registraron en el año 1933. Desde entonces, se desarrolló un gran optimismo ante a la idea de obtener una traducción realizada únicamente por el ordenador, sin mayor esfuerzo humano. Sin embargo, esos sueños se desvanecerían poco después, en el año 1966, con la publicación del informe ALPAC. En él se recomendaba dejar de invertir en el desarrollo de la traducción automática, dado que ofrecía una calidad peor que la de las traducciones humanas, así como un coste y tiempo de realización mayores.

Al reducirse las expectativas de éxito de la traducción automática, surgió la traducción asistida por ordenador (también conocida por sus siglas TAO o CAT, del inglés computer-assisted translation), en la que un traductor humano reutiliza otras traducciones previas gracias al empleo de programas específicos. Los sistemas TAO se basan en el uso de memorias de traducción, es decir, bases de datos que almacenan oraciones originales junto con sus traducciones con el objeto de reutilizarlas. Estos sistemas dividen los textos en segmentos, que presentan un determinado porcentaje de coincidencia con las traducciones almacenadas en la memoria. Dichos porcentajes de coincidencia varían entre el 0% y el 69% (sin equivalencia, por lo tanto, el sistema no propone ninguna traducción), el 70% y el 99% (equivalencia parcial, será necesario realizar cambios) y el 100% (equivalencia exacta, se puede aceptar la traducción, pero también es posible modificarla). A medida que el usuario va generando nuevas traducciones, estas se van incorporando a la memoria de traducción, con el objetivo de ser reutilizadas a lo largo de ese texto o en futuros trabajos.

Así pues, la traducción asistida por ordenador resulta provechosa en textos técnicos, aquellos en los que se repiten oraciones, textos que se actualizan periódicamente con pequeños cambios, páginas web, etc. Por el contrario, no es recomendable para la traducción de textos que exijan una gran creatividad, como los literarios. Por lo tanto, el empleo de sistemas TAO y, con ellos, la posibilidad de reutilizar traducciones, ofrece multitud de ventajas, como el ahorro de tiempo, la reducción de costes, el aumento de la productividad, la coherencia terminológica y la mejora de la calidad, entre muchos otros beneficios. Muchas de estas ventajas se consiguen gracias a que los sistemas TAO permiten aunar diferentes recursos, como diccionarios, bases de datos terminológicas o herramientas de texto predictivo, de manera que el usuario puede adaptar el software a sus preferencias.

En cuanto a los sistemas TAO disponibles, en la actualidad contamos con un amplio abanico de posibilidades, si bien los más extendidos son las distintas versiones desarrolladas por la empresa SDL, que utilizan más de 250000 profesionales en todo el mundo. Algunos de ellos son SDL Trados 2007, el sistema más empleado en la actualidad; SDL Trados Studio (2009, 2011, 2014, 2015, 2017), la herramienta más completa, que empieza a consolidarse en el mercado; Wordfast Classic, de uso gratuito; y OmegaT, el software libre de TAO más utilizado; entre muchos otros. También se han desarrollado sistemas TAO en la nube, como MateCat, Google Translator Toolkit o Memsource.

En definitiva, la tecnología ha llegado al mundo de la traducción para quedarse. Atrás quedaron las traducciones a la antigua usanza y las horas consultando diferentes recursos en papel, de biblioteca en biblioteca. No obstante, a pesar de la relevancia de la tecnología, no cabe duda de que la figura del traductor es irremplazable, pero este ha de saber adaptarse a los tiempos que corren y a una profesión que avanza de la mano de la tecnología, aunando tradición y modernidad.

Melania Cabezas García

Profesora del Grado en Traducción e Interpretación en la Universidad Internacional de Valencia