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Nuevas metodologías para mejorar el rendimiento escolar

  • 9 noviembre 2014

El bajo rendimiento escolar en una parte importante de los alumnos acaba derivando en el abandono prematuro de los estudios o en la imposibilidad de poder alcanzar las competencias consideradas básicas o imprescindibles por el sistema educativo para obtener el título de educación secundaria. Es lo que se conoce como fracaso escolar, que en nuestro país alcanza porcentajes cercanos al 30% del alumnado.

El fracaso escolar es un problema real de grandes dimensiones, pero la mayoría de expertos coinciden en que la base del problema se encuentra más en el sistema educativo y la organización de los centros que en los propios alumnos.

Con independencia de las altas tasas de abandono escolar en muchos chicos y chicas antes de obtener el título de la ESO o de las bajas calificaciones de los alumnos españoles en el informe PISA, principal indicador internacional en relación al rendimiento académico, lo cierto es que en España, pese a haber tenido lugar varias reformas, los pilares del sistema y las políticas educativas se caracterizan por una rigidez excesiva en definición de currículos, metodologías de aprendizaje y organización de los centros escolares.

 

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Métodos innovadores para mejorar los resultados académicos

Es evidente que los cambios introducidos para mejorar el sistema educativo no se han traducido en una mejora significativa de los resultados académicos en términos de promedio y que, en cualquier caso, los logros alcanzados hasta ahora han sido demasiado pequeños y lentos, sin conseguir estar a la altura de las expectativas que el conjunto de la sociedad reclama y espera.

Los métodos innovadores planteados y, en ocasiones, efectivamente implementados en algunas centros o comunidades educativos se perfilan como los métodos más eficaces para lograr el ansiado salto de calidad que acabe situando el rendimiento escolar y las tasas de abandono en España dentro de unos parámetros similares al de los países de la Unión Europea. Ese es el objetivo deseable y ansiado por todos.

Algunas de estas propuestas, que afectan a veces de manera independiente y otras de forma transversal a distintos aspectos del sistema educativo, son la siguientes:

Potenciar la inteligencia emocional

Las emociones son las grandes condicionantes de nuestra conducta y es evidente que tienen una gran influencia en la mayoría de facetas de nuestra vida: relaciones sociales, logros personales y profesionales y, por supuesto, en el rendimiento académico. Sin embargo, los recursos empleados en España para su aprendizaje y potenciación desde la escuela son, por lo general, muy escasos y tampoco abundan los estudios e investigaciones en este sentido.

Una de las excepciones la constituye la Fundación Botín, que lleva 10 años investigando los beneficios de enseñar a los niños la inteligencia emocional desde las aulas. Tal como explica Fátima Sánchez, directora del área de Educación de la Fundación Motivo, «no se trata de crear una asignatura concreta de este tipo de inteligencia, sino que los profesores integren contenidos y técnicas de inteligencia emocional en otras asignaturas y los alumnos las asimilen sin apenas darse cuenta».

En países con gran tradición en inteligencia emocional, como EEUU, se han constatado importantes mejoras de rendimiento académico en los grupos de chicos mejor formados en inteligencia emocional, además de otras ventajas como: consecución de un mejor clima escolar, reducción de los casos de bullying y aumento de la capacidad para la resolución de problemas tanto de índole académico como personal o social.

Uso más intenso de recursos innovadores

La utilización de las tecnologías de información y comunicación (TICs) y otros recursos de carácter innovador como métodos de apoyo en los procesos de enseñanza-aprendizaje están siendo incluidos desde hace algunos años en las escuelas, tanto públicas como concertadas y privadas, de toda España. En la mayoría de centros existen aulas informáticas e incluso asignaturas específicas como el aprendizaje de una lengua extranjera basado en TICs.

Sin embargo, en este campo queda aún mucho camino por recorrer, siendo necesario redoblar esfuerzos, ampliar la inversión y conseguir implicar todavía más a maestros, pedagogos y técnicos informáticos en el desarrollo de más y mejores aplicaciones. Las nuevas generaciones de alumnos han crecido con las nuevas tecnologías, las encuentran divertidas, intuitivas y cercanas, por lo que pueden ser una magnífica herramienta para mejorar el rendimiento académico en la mayoría de competencias, favorecer el intercambio de experiencias con alumnos de otros centros, comunidades autónomas y países, practicar idiomas o facilitar el aprendizaje de chicos con necesidades educativas especiales (NEE).

Flexibilización de los aspectos organizativos y mayor autonomía de los centros

Cuanta más autonomía tengan los centros mejor van a poder organizar los aspectos educativos y de convivencia de sus alumnos. Por ejemplo, la adaptación de currículos a las necesidades individuales y a la capacidad de aprendizaje de cada chico funciona de forma demasiado rígida e insuficiente en España por culpa de una normativa que adolece de la necesaria flexibilidad y dinamismo.

El entorno ideal para mejorar los resultados escolares estaría compuesto por un sistema educativo bastante más flexible, que permita a cada colegio e instituto una mayor autonomía en la forma de organizarse y de adaptar los currículos al entorno socio económico en el que se encuentran y, sobre todo, a las necesidades de cada alumno, prestando una especial atención a aquellos chicos con NEE. A nivel metodológico, las nuevas tecnologías deberían tener un peso mucho mayor, pero en ningún caso reñido con una potente formación en inteligencia emocional como forma de potenciar actitudes y valores positivos como: la empatía, el pensamiento crítico y el esfuerzo. Todo ello constituiría, sin duda, un gran acicate para formar estudiantes con mejores resultados académicos y mejor preparados para su sociabilización y encaje en el entorno laboral.


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