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¿Pueden coexistir el síndrome de Down y el autismo?

  • 24 febrero 2015

En ocasiones, los niños con síndrome de Down comienzan a desarrollar, a veces a edades muy tempranas y otras en la adolescencia, conductas atípicas o extrañas en su comportamiento y en la relación con los demás. Cuando esto ocurre, es posible que estén coexistiendo un síndrome de Down con un trastorno de espectro autista (TEA). La prevalencia de esta coincidencia difiere de unos estudios a otros, pero puede situarse entre un 5-10%.

¿Como reconocer esta coexistencia del síndrome de Down con el autismo?

Durante la primera infancia o la etapa de deambulación, es posible observar una serie de conductas motoras o de comportamiento en los niños niñas con síndrome de Down que nos pueden poner sobre la pista de que también esté afectado de TEA.

  • Conductas motoras repetitivas, como dedos en la boca o aleteo de la mano.
  • Fascinación con las luces, los ventiladores de techo o los dedos y quedarse con la mirada fija en ellos.
  • Rechazo extremo por los alimentos.
  • Problemas del lenguaje receptivo, mala comprensión y uso de gestos, posiblemente dando la apariencia de que el niño no oye.
  • Lenguaje hablado altamente repetitivo o estar ausente.
  • En ocasiones se pueden presentar convulsiones, deglución disfuncional, nistagmo (movimiento constante de los ojos), o hipotonía severa (bajo tono muscular).
  • Retraso considerable en las destrezas motoras.

De cualquier modo, conviene recalcar que un niño o niña con síndrome de Down, sobre todo si es joven, es posible que presente alguna o varias de estas conductas, sin que ello signifique necesariamente que  tenga, o vaya a tener en el futuro, también un trastorno del espectro autista (TEA). El diagnostico debe realizarlo siempre un médico especialista.

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Características observadas comúnmente en niños con los dos síndromes

Entre niños y niñas ya diagnosticados con ambos síndrome los signos más habituales son los siguientes:

  • Respuesta inusual a las sensaciones, especialmente sonidos, luces, tacto o dolor.
  • Rechazo de los alimentos.
  • Juegos extraños con juguetes u otros objetos.
  • Importantes dificultades con los cambios en la rutina o en el entorno familiar.
  • Escasa comunicación.
  • Verbalizaciones sin sentido.
  • Conductas disruptivas: agresión, berrinches o desobediencia extrema.
  • Hiperactividad.
  • Escasa capacidad de atención.
  • Impulsividad.
  • Conductas autodestructivas: cortes en la piel, golpes en la cabeza, hematomas en los ojos o mordeduras.

Es fundamental diagnosticar con exactitud la coexistencia del síndrome de Down y el autismo por muchas razones. Desde el punto de vista estrictamente médico, es la única forma de que se puedan tomar las medidas oportunas y precisas a nivel de terapia y, en ciertos casos, de medicación. Para la escuela es también una cuestión fundamental, pues las estrategias educativas, apoyos, métodos y materiales didácticos y adaptaciones curriculares y evaluativas difieren en función del diagnostico.

Finalmente, tanto para los padres de estos chicos como para ellos mismos, el conocimiento del diagnóstico exacto de su exacto supone un plus de confianza y tranquilidad, pues de esa forma saben a qué atenerse, de qué terapias y ayudan pueden disponer y tener una idea más precisa de cuál puede ser su evolución en el futuro.

 

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